La cocina profesional, la cocina ritual, la cocina metamórfica, la cocina estendida.
Arclinea, tecnología al servicio del vivir cotidiano. Después de la cocina profesional de 1998 y de la ritual de 2002, he aquí la cocina que engloba las otras dos: la cocina metamórfica (año 2006). Es un concepto ligado a la instancia más contemporánea de valor de ambiente: la cocina que cambia según las exigencias, por lo que de estática se transforma en dinámica.
Bajo el punto de vista funcional, la cocina metamórfica se puede utilizar de diversas maneras. Desde el punto de vista sustancial, es una cocina verdaderamente protagonista de la casa: punto focal de atracción y de vivibilidad, gracias a una tecnología invisible cuyos beneficios, sin embargo, se pueden disfrutar fácilmente y a diario.
“A lo largo de estos 25 años de trabajo con Arclinea, me he dedicado a experimentar el tema de la cocina: primero poniendo a punto un programa perfectamente funcional desde el punto de vista del proyecto industrial; luego, poco a poco, a lo largo de los años, indagando la cocina desde el punto de vista de la tipología. Desde el espacio para socializar hasta la isla profesional, desde el monobloque compacto hasta el microcosmos funcional, cada declinación ofrece una solución de ambiente integrado en el espacio, capaz de interpretar las mutaciones de la vivienda contemporánea.
En calidad de arquitecto, tiendo a abordar el proyecto de un nuevo concepto desde el punto de vista del diseño de interiores. Me he dedicado, pues, a construir un programa de soluciones con diferentes posibilidades de habitación del espacio. El propósito de este catálogo es hacer las veces de un ábaco de soluciones posibles para recoger los resultados de estos años de trabajo, durante los cuales hemos analizado, investigado y diseñado cada uno de los elementos de los diferentes tipos de cocina: un programa de revisión del espacio que nos ha permitido poner a punto un amplio prospecto de posibilidades habitacionales.
Considero que la cocina (al igual que el baño) constituye el área de la casa que ha sufrido más transformaciones profundas en la cultura de la vivienda contemporánea: un ambiente equipado con las tecnologías más sofisticadas, proyectado con el mismo esmero que se dedica a un producto tecnológicamente sofisticado, pero al mismo tiempo un espacio flexible, para socializar, capaz de evolucionar con la vida de las personas y de registrar la evolución de los usos y las costumbres. Indudablemente, desde hace algunos años, la cocina asume un papel central en el diseño de interiores. De un ambiente funcional hecho a la medida de quien trabaja en ella -una máquina perfectamente funcional-, a lo largo del tiempo ha pasado a tener una concepción más libre, gracias a la cual ha consolidado su función de ambiente doméstico para socializar: un lugar acogedor, operoso, vital, abierto, familiar y flexible.
Un lugar libre de organizarse sobre la base de las horas del día, el número de personas o las ocasiones de encuentro y de vida. De lugar exhibido, expresión de estatus, índice de abundancia y optimismo, ha ido connotándose como lugar donde se acoge el placer de cocinar y de transformar la preparación de la comida en una actividad creativa y un momento de socialización. La reflexión sobre el placer de cocinar, experimentar y crear nos ha llevado, por ejemplo, a introducir las islas funcionales "robándolas" de las cocinas profesionales, para transferir a la cotidianeidad del ambiente doméstico un nivel de sofisticación, en la preparación de la comida, capaz de dar vida a nuevos comportamientos y ritualidades domésticas.
La reducción del espacio de la vivienda determinado por el incremento del valor económico y comercial de los inmuebles me ha llevado asimismo a abordar un trabajo de revisión de las dimensiones de la cocina desde el punto de vista de sus componentes. En las ciudades de hoy, la propagación de los edificios de apartamentos ha impuesto la necesidad de ofrecer soluciones reducidas en cuanto a dimensiones pero no en cuanto a prestaciones. Ambientes perfectamente funcionales, capaces de fundirse en el espacio de la vivienda y de adaptarse a todas las necesidades domésticas.
Este proceso de reducción se acompaña, sin embargo, de una obra de integración de los elementos funcionales y técnicos del espacio doméstico, hasta tal punto que un dispositivo como una campana, por ejemplo, es absorbido por el ambiente circunstante hasta mimetizarse con el techo, mientras que algunos elementos destinados a la conservación, como el Closet -cabina cerrada habitable-, ayudan a organizar no sólo las actividades estrechamente vinculadas al funcionamiento de la cocina sino también, más en general, el espacio arquitectónico de la vivienda”.
